Adornada por la nochevi tus tangibles atractivos
y junto a mis sentidos
me perdí y me encontré.
Mi voz halago tus ojos
y mi diestra mano
tu suave y clara piel.
No reías ni hablabas
mas a la música seguías
¡perfecta! sin nada hacer.
Y al cambiar el día
con cada frase apenada
de seguro ya advertías
mi sed de volverte a ver.
Escrito y publicado por: César R. Lino A.
